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Y ahora… ¿Qué?

Gracias a la magia de las redes sociales, esta mañana ha resucitado un artículo. Y lo ha hecho con mucha fuerza. Tanto que ha originado una acalorada oleada de mensajes en twitter:

Se han comentando muchísimas cosas y se han ofrecido distintos puntos de vista. Mi intención no es rebatir a nadie ni intentar ofrecer una verdad absoluta salvadora del futuro de muchos, pero sí que me gustaría quedarme con una de las cuestiones más recurrentes:

Muchos traductores se quejan de lo difícil que es entrar en el mercado. Con razón o sin ella, es cierto que hay mucho traductor quejica suelto. Es difícil conseguir clientes y establecerse entre tantos profesionales. Siempre hay alguien con mejor formación, experiencia o incluso mejores tarifas.

Y es que nadie dijo que iba a ser fácil, todo lo contrario.

Sin embargo, esta mañana, había algo en lo que todos coincidíamos: no hay que tirar la toalla.

Yo soy el primero en quejarse de lo difícil que es, o cuando recibo una negativa sobre algún proyecto o colaboración; pero a los cinco diez minutos se me pasa y me digo: «¿qué habré hecho mal?», «la próxima vez lo haré mejor» o «debo esforzarme más».

Hay que seguir adelante, leer, informarse, especializarse. No estoy descubriendo la pólvora, pero nunca viene mal recordarlo.

A continuación os dejo con un vídeo (en inglés) que he recordado al escribir el artículo.

Ojala todo fuese así de sencillo:

  • Paso 1: estudiar traducción;
  • paso 2:
  • paso 3: obtener beneficios.
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Agencias poco comunicativas

Como la mayoría de traductores autónomos me dedico a buscar clientes y trabajo en agencias de traducción a diario y creedme, puedo contar con los dedos de la mano las veces que me han contestado a un correo en menos de una semana.

El mayor problema es la comunicación. No pretendo quejarme de que ciertos clientes o agencias no contesten al instante, sino que ni siquiera envían una respuesta automática para saber que el mensaje ha llegado a buenas manos.

Puedo comprender que un cliente no tenga tal experiencia o que no lo tenga en cuenta. Sin embargo, cuando se trata de una compañía que trabaja con traductores y que, muy probablemente, se componga internamente de varios. Más aún si son ellos los que han ofrecido un puesto de trabajo en alguna de los portales de empleo o de traducción. Me fastidia que no tenga ningún miramiento en crear una respuesta como “Gracias por ponerte en contacto con nosotros” y que después sean ellos los exigentes.

Peor aún, ya he dado con un par de agencias que se ponen en contacto contigo para solicitar las tarifas y después, si no les interesa se olvidan de ti directamente. ¿Tan difícil es mandar un mensaje diciendo “Lo sentimos mucho, tus tarifas exceden a nuestros presupuestos“? ¿E intentar negociar los precios?

Personalmente no me ofendería si recibiese un mensaje así. Prefiero tal sinceridad a que no vuelvan a ponerse en contacto conmigo, pues lo que logran es que añada su compañía a la lista negra. Y sí, me estoy quejando del trato de las agencias, son los responsables de no haber contratado o dado instrucciones a los responsables de Recursos Humanos.

Antes pulsar el botón publicar me gustaría aclarar que también he dado con compañías que se preocupan. Aunque son pocas, me animan a seguir adelante.

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Encargos engañadizos

Hace unos días leí una entrada en el blog de Ana acerca de encargos que no son lo que parecen y deseé no encontrarme en esa situación.

Pues bien, hace un par de días recibí un encargo para traducir una página web de 300 palabras. Ofrecí un presupuesto que al final terminó siendo bastante bajo, pero bueno – me dije – no está mal para conseguir más experiencia un posible cliente.

Cuando acordamos un precio final, el cliente se pone en contacto conmigo de nuevo y me manda 5 páginas que, en conjunto, contaban con no menos de ¡3,000 palabras!

Al preguntar al cliente que quería me contestó: “quiero que leas todo eso y me escribas un artículo de 300 palabras para una página web.” Contesté inmediatamente recordándole que él había solicitado servicios de traducción, no de escritura. Todo fue en vano. Para él escritores y traductores son todos iguales.

Intenté hacerle comprender que aunque sí se escribir, no iba a realizar un encargo de escritura creativa con un presupuesto de traducción que ya era bajo de por sí.

Lamentablemente no fui capaz de hacerle entrar en razón y se fue enfadado…

Sinceramente, me alegro. Me da pena que no fuese capaz de entenderlo, y también me fastidia que se enfadara él, cuando debería haber sido yo el que tendría que haber dicho cuatro cosas.

En fin, hay que mantener el tipo.

 

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