Y ahora… ¿Qué?

Gracias a la magia de las redes sociales, esta mañana ha resucitado un artículo. Y lo ha hecho con mucha fuerza. Tanto que ha originado una acalorada oleada de mensajes en twitter:

Se han comentando muchísimas cosas y se han ofrecido distintos puntos de vista. Mi intención no es rebatir a nadie ni intentar ofrecer una verdad absoluta salvadora del futuro de muchos, pero sí que me gustaría quedarme con una de las cuestiones más recurrentes:

Muchos traductores se quejan de lo difícil que es entrar en el mercado. Con razón o sin ella, es cierto que hay mucho traductor quejica suelto. Es difícil conseguir clientes y establecerse entre tantos profesionales. Siempre hay alguien con mejor formación, experiencia o incluso mejores tarifas.

Y es que nadie dijo que iba a ser fácil, todo lo contrario.

Sin embargo, esta mañana, había algo en lo que todos coincidíamos: no hay que tirar la toalla.

Yo soy el primero en quejarse de lo difícil que es, o cuando recibo una negativa sobre algún proyecto o colaboración; pero a los cinco diez minutos se me pasa y me digo: «¿qué habré hecho mal?», «la próxima vez lo haré mejor» o «debo esforzarme más».

Hay que seguir adelante, leer, informarse, especializarse. No estoy descubriendo la pólvora, pero nunca viene mal recordarlo.

A continuación os dejo con un vídeo (en inglés) que he recordado al escribir el artículo.

Ojala todo fuese así de sencillo:

  • Paso 1: estudiar traducción;
  • paso 2:
  • paso 3: obtener beneficios.
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19 comentarios

Archivado bajo buscando trabajo, comienzos, desengaños

19 Respuestas a “Y ahora… ¿Qué?

  1. Pingback: No disparen al traductor » Blog Archive » Buscando experiencia - Traducción, interpretación, productividad y algo más…

  2. Por alusiones… he sido la culpable del debate, mucho me temo.
    Me reitero en la conclusión a la que personalmente llegué:
    1) La denuncia social es loable y necesaria. Todos debemos hacerla independientemente de nuestra profesión.
    2) Entrar en este mercado ha sido, es y será difícil si seguimos considerando un acceso directo por la puerta grande. Si consideramos rodear el local y hacer cola en la puerta de atrás, nos acercaremos a una situación un poco más realista.
    3) Creo que algunos de los más experimentados coincidirán conmigo en que el universo de la traducción es tan incierto (en este caso, para bien) que aún no sabemos dónde andaremos el año que viene, qué nueva empresa nos llevará quién sabe dónde ni cuándo cerraremos por fin la cartera de clientes definitivos. Somos los antifuncionarios en todos los sentidos. Yo, particularmente, estoy muy orgullosa de serlo y nunca dejó de mirar adelante.

    Gracias por la entrada, Pedro 🙂

    • Totalmente de acuerdo, Eugenia. Como ya comenté en el Facebook de Pablo Muñoz (Algo más que traducir), hay demasiados licenciados cómodos y con poco espíritu de sacrificio y supervivencia que, prácticamente nada más terminar la carrera, esperan encontrar el trabajo de sus sueños, a ser posible con un «sueldo fijo para toda la vida», como decía la autora del artículo que ha traído aquí a colación Pedro. Y en el caso de los traductores no puede haber una aspiración que se aleje más de la realidad. Si hay un mercado variable y depredador, ese es el de la traducción; acceder a él (y sobre todo mantenerse en él) no es fácil: requiere esfuerzo, constancia, ingenio, paciencia, arrojo y una pizca de suerte. Quien no esté dispuesto a dar todo eso de sí, o quien sea incapaz de vivir feliz sin un trabajo fijo para toda la vida, mejor que se dedique a otra cosa, pero que no se queje de lo mal que está la cosa si antes no lo ha intentando absolutamente todo.

      Un saludo,
      Isabel

      • Así es, no puedo estar más de acuerdo.
        No puedo hablar por todo el mundo, pero para mí fue un poco duro encontrarme con la situación real:
        Poco antes de licenciarme veía como todos lograban sus objetivos en mayor o menor media, y comencé a ser un poco más quejica.
        Puede la suerte haya jugado un papel favorable para algunos, pero es imposible que les pasara a todos menos a mí.

        Un saludo, y muchísimas gracias por pasarte y comentar.

    • Sí, precisamente me toca de cerca. Yo soy uno de esos que no encuentran la salida, pero poquito a poco y con mucho esfuerzo voy viendo un mercado lleno de posibilidades. Solo hay que persistir y trabajar duro.
      Muchas gracias por la visita.

  3. Totalmente de acuerdo con la entrada y los comentarios. Yo, sinceramente, no me siento identificada en absoluto con una traductora cuya máxima aspiración es aprobar unas oposiciones y tener el mismo trabajo “monótono” (entre comillas, que no quiero polemizar) toda la vida. La verdad es que de man escalofríos solo de imaginármelo… Tiendo a pensar que de la carrera salimos dos perfiles casi opuestos: los que queremos traducir cueste lo que cueste y los que no.

    • Hola, Bella:
      Eso me toca muy de cerca. Estudié Filología y creo que solo 4 personas nos hemos dedicado a algo que no es opositar.
      Me identifico mucho contigo, es por eso que decidí continuar y estudiar algo relacionado con la traducción.
      Puede que con el tiempo cambie de opinión y me arrepienta, pero por ahora estoy más que contento con la traducción.

  4. Leer todo esto nos viene muy bien a los que estamos a un paso de adentrarnos en el mercado laboral. ¡Buena entrada!

    • Muchas gracias.
      La verdad es que también nos viene bien a los que ya hemos dado un par de pasos, porque son los primeros los que más cuestan.
      Bueno, hablo por experiencia propia, pero sí que en ocasiones me encuentro bastante perdido.

      Espero que podamos aprender unos de otros.

  5. Me inicié en el mundo de la traducción comenzó de forma poco ortodoxa. Empecé traduciendo, casi imperativamente, la documentación técnica en la empresa familiar (luego le cogí, perdón, le agarré el gustillo) y, como otros tantos, cuando mi padre se jubiló, ingresé en una empresa de trabajo temporal en calidad traductor a precio de becario o quizá menos.

    Y siguió, de forma menos ortodoxa aún. Al cabo de menos de un año, el director comercial de mi empresa me envió a negociar un sustacioso contrato con una empresa automovilística. Al salir de la negociación, el director de una de las grandes multinacionales de traducción me contrató en el acto como PM, digamos que «para eliminar la competencia de un negociador adverso…». Así que, ingrese directamente como PM en una de las mayores empresas internacionales de traducción, sin demasiado esfuerzo, aparte del de la negociación en sí. Simplemente, estuve en el lugar adecuado, en el momento adecuado.

    Pero, hoy, aún reconociendo el quejismo de algunos traductores noveles, no deja de ser cierto que incorporarse al mundo laboral de la traducción (o a cualquier otro) puede ser cualquier cosa, menos fácil. Personalmente, no creo que haya demasiados licenciados cómodos (una persona cómoda no estaría buscando alternativas). Simplemente, creo que hay demasiados licenciados. Punto. No hay más que pensar en que, hace no tantos años, no existían las facultades de TeI, con excepción de la de Granada y que, por tanto, la profesión de traductor era oficialmente inexistente en España. Esto, hasta tal punto era así, que ni siquiera existía el epígrafe fiscal correspondiente, por lo que se nos asimilaba al profesorado de idiomas. De hecho, la mayoría de los traductores, ni siquiera éramos nacionales, sino personas de origen extranjero afincadas aquí durante largo tiempo.

    El segundo factor a considerar es que, con licenciatura o sin ella, un servidor (e imagino que todos los demás) come cada día. O, al menos, lo intenta. Y, si no tienes para comer, poco o ningún esfuerzo vas a dedicar a algo que no sea la propia supervivencia inmediata.

    Por último, «el mundo de la traducción es un mundo endogámico». Organizamos un sinfín de charlas, cursos, conferencias y actividades ad hoc urbi et orbi, sí. Pero, los únicos que asistimos a éstas somos nosotros mismos: los traductores. Luego, nos loamos entre nosotros, a título de consuelo. Pero, en el mundo exterior, en el mundo real, somos inexistentes. Ni una sola línea, ni una mísera nota de prensa, nada.

    • Así es, Pablo.

      No sé si “democratización de los estudio superiores” es un término apropiado, pero se trata de un arma de doble filo. Si bien es cierto que resulta mucho más fácil acceder a cursos superiores, grados, posgrados y especializaciones, también es cierto que esto conllevará una mayor competencia y número de personal cualificado peleando por lo que quieren.
      Puede que muchos abandonen, pero igualmente queda un alto porcentaje de egresados que desean seguir adelante.

      Muchas gracias por compartir tu historia y tu interesante perspectiva.

  6. P.D: Siento haber tardado tanto en contestar a los útlimos comentarios…

  7. Un breve comentario al hilo del argumento de Pablo:
    Efectivamente, esto siempre ha sido inestable y hemos tenido que trabajar mucho para obtener un poquito de consideración. La comodidad, además, no es lo nuestro, porque siempre andamos buscando algo mejor. Esa es nuestra dinámica y no creo que cambie con el tiempo.
    Estoy de acuerdo en que los cambios no siempre son para mejor. Por ejemplo, la proliferación de escuelas de traductores no ayuda, especialmente porque muchos de nuestros alumnos no saben muy bien cuál es nuestro trabajo, sus condiciones y su salario. Y otros muchos directamente saben que no quieren ser traductores antes incluso de empezar…
    Y estoy muy de acuerdo con lo que ya comenté en mi entrada sobre la visibilidad. La idea no es tan sólo que seamos visibles entre nosotros, sino que nos hagamos visibles para los demás. Asimismo, es importante que destaquemos positivamente y demostremos que somos humanos y erramos, pero nos formamos y trabajamos para ser profesionales, le pese a quien le pese. Hay que cambiar la opinión del resto de comunidades y, para eso, debemos salir al mundo con buenos argumentos. Eso será la antesala del traductor 3.0.

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