Encargos engañadizos

Hace unos días leí una entrada en el blog de Ana acerca de encargos que no son lo que parecen y deseé no encontrarme en esa situación.

Pues bien, hace un par de días recibí un encargo para traducir una página web de 300 palabras. Ofrecí un presupuesto que al final terminó siendo bastante bajo, pero bueno – me dije – no está mal para conseguir más experiencia un posible cliente.

Cuando acordamos un precio final, el cliente se pone en contacto conmigo de nuevo y me manda 5 páginas que, en conjunto, contaban con no menos de ¡3,000 palabras!

Al preguntar al cliente que quería me contestó: “quiero que leas todo eso y me escribas un artículo de 300 palabras para una página web.” Contesté inmediatamente recordándole que él había solicitado servicios de traducción, no de escritura. Todo fue en vano. Para él escritores y traductores son todos iguales.

Intenté hacerle comprender que aunque sí se escribir, no iba a realizar un encargo de escritura creativa con un presupuesto de traducción que ya era bajo de por sí.

Lamentablemente no fui capaz de hacerle entrar en razón y se fue enfadado…

Sinceramente, me alegro. Me da pena que no fuese capaz de entenderlo, y también me fastidia que se enfadara él, cuando debería haber sido yo el que tendría que haber dicho cuatro cosas.

En fin, hay que mantener el tipo.

 

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5 comentarios

Archivado bajo buscando trabajo, desengaños

5 Respuestas a “Encargos engañadizos

  1. Pues la verdad es que tiene cojones, es como si me viene un tio a mi bar y me pide una jarra de cerveza y quiere pagarla como si fuera una caña. Hiciste bien tio, y si encima tuviste la honradez de explicarle la situacion si no lo entiende es o porque es gilipollas o por…bueno, unicamente porque es gilipollas, jajaja. Larga vida al blog Pete!!!

    Rock n Roll!!

  2. No sientas pena. Una agencia de traducción nunca debería confundir chorizos con elefantes. Seguramente sabía perfectamente lo que estaba haciendo y, al ver que el presupuesto era tan bajo, se empezó a restregar las manos.

    A mí me da pena yo misma, que me pasan una traducción de 300 palabras por la que voy a cobrar una mierda y, encima, el cliente me pasa una copia escaneada y me pide que mantenga el formato (digo yo, “mantenga”, ¿cómo puede ser eso si ni siquiera está “formado”? Querrás decir que me curre un formato igual) y, al final, una traducción que podría haberme ocupado 1 hora de mi tiempo acaba convirtiéndose en 2 o en 3. Eso sí que me da pena 😉

    ¿Que qué habría hecho yo en tu caso? Le habría pasado un nuevo presupuesto: “Mira, si quieres que te lo haga, me pagas esto”. Y si no quiere, pues que se vaya a buscar a otro tonto a quien engañar (si lo encuentra). Seguramente aquí tu fallo fue no pedirle el archivo original para traducir. Me ha pasado ya un par de veces y ahora siempre pido el archivo. Antes de decirte si puedo o no, quiero ver el texto, porque no puedo darte un presupuesto sin el texto. No sería la primera vez que me dicen “una rtaducción normal” y acaba siendo una jurada de las chungas.

    Lo que sí podría decirte que, tal vez, tardases menos en escribir esas 300 palabras que en traducir otras 300. A lo mejor sí que habría hecho el encargo, pero mal, y si se queja, le diría que lo siento, que el pago que me ha hecho es para dedicar solo 30 minutos de mi tiempo, y es eso lo que he tardado. Si quieres más, me pagas más. Seguramente te dirá que no te paga, ¿pero lo bien que te quedas? 🙂

  3. Hola, Pedro:

    Ojo con los presupuestos y con dar precios a ciegas sin tener archivos sobre los que basarse. Todos estos problemas y discusiones se evitan de una manera muy fácil (aunque no sé si actuaste así): haciendo un presupuesto formal por escrito en el que indiques el servicio que vas a prestar (traducción simple, traducción jurada, revisión, etc.), los archivos con los que vas a trabajar (pídele siempre al cliente que te envíe los ficheros que quiere traducir), el precio por unidad (palabra/línea fuente o meta, hora, etc.), el precio total (con o sin impuestos), las condiciones de pago, etc. Así, si luego el cliente pide otra cosa por el mismo precio o quiere cambiar cualquier condición, no tienes más que remitirle al presupuesto enviado. Si no lo ha leído con detenimiento, es problema suyo.

    Un saludo,
    Isabel

    • Llevas toda la razón, la verdad es que me dejé engañar. Siempre pido los textos para analizarlos, pero en muchas ocasiones se refugian en el pretexto de que el contenido es privado y no lo pueden publicar a no ser que ya estés contratado.

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